El padre Émilien Tardif, misionero
El padre Émilien nació en Saint-Zacharie de Beauce, el 6 de junio de 1928. Un día en nuestra iglesia, al escuchar un sermón del padre St-Georges Groleau, misionero en Japón, como él ha testimoniado a menudo, nace en su corazón el deseo de hacerse sacerdote y misionero. A la edad de 12 años, es decir en 1940, su familia parte hacia Abitibi, a Rapide-Danseur, como lo hicieron un gran número de familias de nuestra parroquia en aquella época. El joven Émilien entra en la escuela apostólica de Beauport, por mediación del hermano Armand Tardif, uno de sus hermanos, que estaba en la comunidad de los M.S.C.
El padre Émilien hace su profesión en los Misioneros del Sagrado Corazón en 1949, es ordenado sacerdote en Rapide-Danseur el 24 de junio de 1955, y parte hacia la República Dominicana el 16 de septiembre de 1956. Aunque yo conocía también a los miembros de su familia en los pueblos vecinos, no fue sino en 1973, cuando regresó de la República para ser atendido, cuando conocí al padre Émilien; acababa de ser hospitalizado, en el hospital Laval, y estaba muy demacrado.
En un testimonio, este misionero contaba que, después de la visita en julio de la Sra. Catudal, su esposo y su hijo, así como de la Sra. Rose Tardif, su hermana, y del Sr. Paul Rémi Paquet, su cuñado, que habían venido al hospital para orar por su sanación, había sido sanado. En ese momento me interesé por el renovamiento y me uní al grupo de apoyo de mi parroquia. El grupo de oraciones carismáticas comenzó el Martes Santo de 1974, y el padre Émilien había venido a la primera reunión de oraciones.
Y en ese mismo año, en junio, participaba con otras personas de la parroquia en el primer congreso francófono, que se celebró en el Pabellón de Educación Física de la Universidad Laval, y fui testigo cercano de la sanación que recibió la Sra. Hélène Lacroix, durante el período de preguntas al final del taller animado por el padre Émilien y que tenía como tema: la fe y los signos que la acompañan. Es el primer milagro físico que vio el padre Émilien, y también yo. El Señor lo llamaba a este ministerio de sanación en todo el mundo: «Soy el burrito que lleva a Jesús.»