Nadie es profeta en su tierra

Por Jean-Robert Gauthier

Canadá

Martes 6 de enero de 2009

Antes de subir al cielo, el Señor exhortó a sus discípulos a anunciar la Buena Nueva a todas las naciones. Desde hace más de un siglo, son miles los hijos e hijas de Quebec que han respondido a este llamado con mucha generosidad. Pocos han tenido el alcance del padre Émilien Tardif.

Cuando el padre Tardif falleció súbitamente el 8 de junio de 1999, el presidente de la República Dominicana, su país de adopción, decretó una jornada de duelo nacional para honrar a este gran hombre de Dios. Son miles las personas que vinieron a darle su último adiós, primero en Santo Domingo y luego en Santiago. Su recuerdo permanece muy vivo en todas partes donde no solo anunció, sino que demostró, que Jesús está vivo. Es bueno que un libro venga a celebrar esta vocación fuera de lo común.

Al escribir su libro titulado Emiliano Tardif, un hombre de Dios (1), Maria A. Sangiovanni ha prestado un gran servicio a toda la Iglesia. La traducción francesa, que acaba de aparecer en Éditions des Béatitudes, alegrará a los numerosos amigos francófonos del padre Tardif.

Como cofundadora con el padre Tardif de la Comunidad de los Servidores del Cristo Vivo, la autora conoció bien al Misionero del Sagrado Corazón en la República Dominicana, donde trabajó desde 1965. Consultó a la familia y las cartas del padre Tardif para contar la historia de esta vocación excepcional.

Describe muy bien el cambio radical que se operó en él cuando, postrado por una tuberculosis pulmonar aguda, fue sanado gracias a la imposición de manos de cinco laicos. Como muchos sacerdotes, él había desconfiado de la Renovación Carismática. Ahora bien, «la experiencia de su sanación fue para él la ocasión de un encuentro con Jesús vivo, cercano, presente, actuante en su vida» (p. 74).

Durante esa oración, el Señor le reveló que lo iba a hacer testigo de Su amor. Humildemente y con docilidad al Espíritu Santo, el padre Tardif puso los carismas recibidos al servicio de la evangelización. La autora hace resaltar bien la importancia para las almas de aunar una predicación ferviente con una apertura a los signos y prodigios que transforman las vidas.

Fue así como Jesús tocaba los corazones; así es como los apóstoles y los santos de todos los tiempos convirtieron pueblos enteros. Es porque se ha rechazado este enfoque audaz y sobrenatural que la fe retrocede entre nosotros y en otras partes de Occidente. La autora ilustra su propósito con testimonios de sanaciones físicas y espirituales asombrosas. Este ministerio de compasión, inspirado por la presencia real de la Eucaristía y sostenido por una oración confiada y perseverante, ha bendecido a hijos de Dios en 72 países. A pesar de la incomprensión de algunos, atrajo multitudes considerables no solo en el Tercer mundo, sino también en Europa y aquí mismo, en Quebec.

En todas partes, el padre Tardif animaba a la gente a adherirse a grupos de oración carismáticos para que el Señor renovara y alimentara su fe. ¿Qué sería de nuestra Iglesia de Quebec si cada uno se abriera a la vida del Espíritu Santo con la audacia y la humildad del padre Tardif? Este libro nos da verdaderamente las ganas.

En este libro no faltan los testimonios. El del padre Raniero Cantalamessa, al comienzo mismo, da el tono. La autora ha consagrado las últimas 83 páginas del libro a testimonios de numerosos prelados, sacerdotes, religiosos y miembros de la familia natural y espiritual del gran misionero.

El arzobispo de Santiago considera al padre Tardif como «uno de los grandes hombres de la Iglesia de estas últimas décadas». El obispo auxiliar de Santo Domingo no duda en decir que el padre Tardif «se fue en olor de santidad». La lectura de este libro me hizo mucho bien. Varias veces, la oración brotó espontáneamente en el fondo de mi corazón, obligándome a dejar el libro de lado para conversar con mi Salvador. Léanlo y «gusten y vean lo bueno que es el Señor».

Nota:

1- Éditions des Béatitudes, Maria A. Sangiovanni, 2007, 250 páginas, 37,95 $.

Ver la revista asociada a este artículo