Testimonio del Hermano Luis Tardif, o.m.i.

El Hno. Luis Tardif, o.m.i., hermano del padre Émilien Tardif

Extracto de: Emisión hecha posible por la Fundación: Comunicaciones Cristianas Ecuménicas.

Animadora: Diane Mailhot. Nuestro invitado de hoy tiene 46 años de vida religiosa. Es el Hermano Luis Tardif, o.m.i. Diane: —Hermano Luis, ¿qué lo impulsó a entrar en los Oblatos? Hermano Luis: —Para empezar, tenía unos padres que eran cristianos fervientes; asistíamos a todas las ceremonias en la iglesia: la hora santa, el mes de María, los ejercicios espirituales de la parroquia, y rezábamos el rosario todas las noches, la oración de la mañana y de la tarde. Primero, yo trabajaba en la granja de nuestra casa. A los 20 años, fui a trabajar en la construcción en Rouyn y en Val-d'Or.

Después de 2 años, cuando obtuve mi carta de competencia, fui a trabajar a Montreal. Allí, en Navidad, fui a nuestra casa, en Abitibi, a ver a mi hermana Irène, que estaba en el Sanatorio de Macamick. Y ella me dijo: podrías ir a hacer unos ejercicios espirituales cerrados dirigidos por los Padres Oblatos en Rouyn. Yo no conocía eso de los ejercicios espirituales cerrados, pero como ella estaba enferma, para complacerla, fui. El predicador dijo: hay varios jóvenes aquí que piensan en la vida religiosa.

Dice: hay quienes se creen demasiado viejos para entrar en comunidad, pero el hermano que les hace hacer el Vía crucis entró en la vida religiosa a los 24 años; presta un buen servicio a la iglesia y también trabaja por su santificación.

La vida religiosa

A mí, eso me tocó bastante. Tenía 24 años. Pensé en eso; esa noche me dormí con eso en la cabeza. Al día siguiente, fui a verlo para hablar un poco de la vida religiosa. Andaba de prisa y me remitió al hermano Gilles Lemire, a quien muchos conocían. El hermano Gilles me dijo cómo sería. Se hacían el postulantado, el noviciado, 3 votos de un año, votos de un año durante 3 años, y luego los votos perpetuos. Los votos de un año me iban bien. Solo por un año, va bien. Pero con los votos de 3 años yo dudaba un poco, sin embargo seguí trabajando en la construcción incluso en comunidad.

Habíamos ido a la casa parroquial Notre-Dame de Hull para renovarla por dentro e instalar un ascensor. Construyendo la caja del ascensor, subimos un dintel de cemento sobre la puerta. Éramos tres para subir eso y luego el andamio se rompió. Caímos los tres al fondo del hueco del ascensor, a 15 pies. Yo tenía una rodilla dislocada. La rodilla tomó el sentido contrario. Ni lo intenten.

Estuve una semana en el hospital general de Ottawa, y luego mi superior me hizo trasladar a Cartierville, porque había un especialista para los huesos. Pero fue durante los 3 meses en el hospital de Cartierville cuando decidí hacer mis votos de 3 años y mis votos perpetuos. Diane: —¡Eso se parece a san Francisco de Asís!

Hermano Luis: —Sí, y ya hace 46 años de eso y soy muy feliz.

El Hno. Luis Tardif trabajó en la construcción

Diane: —¿Y usted sigue siempre a través de la comunidad, no en la construcción, sino haciendo más bien obras? Hermano Luis: —Sí, trabajé en la construcción durante 29 años para mi comunidad. El Padre Provincial me pidió que me quedara en el Centro Saint-Pierre-Apôtre, vecino de la casa parroquial de Saint-Pierre, en Montreal. Trabajé en el Centro Saint-Pierre durante diez años, y cuando el hermano se decidió, se me pidió quedarme en la casa parroquial. Pero durante esos 10 años hubo una hermana de la Providencia, la H. Claire Dumont, que trabajaba por los pobres. Ella tenía un local en nuestra casa.

Se ocupaba de los pobres. Recibía ropa, un poco de dinero y lo daba. Y una vez vino a pedirme que mudaran muebles, por la tarde, es decir, estufas, refrigeradores que eran donados. Pero en esos tiempos la gente cambiaba a menudo su juego de cocina y su refrigerador por uno nuevo. Pero desde las pérdidas de empleo, hay mucho menos. Había un depósito para esos muebles en las Hermanas de la Providencia; cuando llegaban familias de emigrados, no tenían nada. Cuando tomaban una nueva vivienda, había solamente una estufa y un refrigerador.

Ella lo anotaba e iba a visitarlos.

Otra noche me pedía que mudáramos camas, un juego de cocina, lo que más necesitaran. Pero mi primera experiencia fue un mediodía. Vino a pedirme al refectorio si conocía a alguien que tuviera una cunita de bebé para regalar. Y dice: si usted conoce a alguien, me lo dice. Hay una familia que tiene un hijo y no tiene cunita. Me pregunté por qué le pedía a un hermano oblato una cunita de bebé.

Pero en la tarde recibo una llamada del hermano Leblanc de Richelieu y me pide que vaya a ayudarlo después de la cena, a ir a casa de su prima para quitar la lona de la piscina. Nos damos una cita después de la cena y hacemos el trabajo. Hacemos la limpieza alrededor de la piscina y ella nos invita a tomar un café. Tomando un café, dice: esta tarde hice la limpieza en mi sótano, tengo una cunita de bebé que me estorba. Dice: no sé qué hacer con ella. Dije: me la llevo, la cunita, me la pidieron para una familia que la necesita.

Ella dice: le daré también la ropita del bebé recién nacido. Meto la cunita en la camioneta. Cruzando el puente Jacques-Cartier, me pongo a reír. Dije, encontraba a la hermana bastante atrevida al pedirme una cunita de bebé, y no pasan 24 horas y ya tengo la cunita. Y eso continúa así. Se lo dije después, y ella dice: a mí me pasan a menudo cosas así.

Experiencia con los desposeídos

Diane: —¿Cuál fue su primera experiencia con los desposeídos? Hermano Luis: —¡Ah! La primera experiencia: íbamos a entregar un juego de cocina en una familia que tenía 3 hijos. Hacía 2 meses que comían en el suelo o en el borde de la ventana. Les dimos un juego de cocina y dos camas. Uno es feliz, claro, cuando ve que presta un servicio así a gente que no tiene nada. Les damos lo que necesitan. Hay una familia, una señora que llegó de Ruanda con 5 hijos. La mayor tenía 12 años y el bebé no caminaba. Su marido está en la cárcel porque se oponía al gobierno. Si fuéramos a la cárcel nosotros, cuando nos oponemos al gobierno, habría un montón. En fin, ella llegó con cinco hijos.

Adrien y la H. Adrienne, hermano y hermana del Hno. Luis Tardif

Y entonces ella me pidió (alguien le había dado mi nombre) si podía darle una cama y cobijas. Me pidió ayuda y, al cabo de una semana, me pregunta la ruta para ir a inscribirse al Instituto Guy Chevreau. Tenía que ir con sus cinco hijos, no conocía la ciudad; me pregunta qué autobús tomar. Dije: voy a ir a buscarla. Fui a buscarla con sus cinco hijos, la llevé allí, y a las 4 horas me llamó de nuevo; volví a buscarla.

Al cabo de 3 días dice: ¿conoce a alguien que pudiera ayudarme? Ya no tengo pan ni leche para los niños. Voy a recibir mi cheque en tres días. Fui a comprarle pan y leche por $18.00. Se lo di. Me dice: estoy muy contenta, pero vea, uno de mis amigos viene a estacionar su auto en nuestra casa. Pasaba exámenes en el hospital. Me dio $20.00 y me dice: ¡usted se ocupa de los pobres! así que tome estos $20.00. Así es siempre: cuando uno da, alguien nos hace un regalo. Diane: —Y, Hermano Luis, ¡ya son 46 años de vida religiosa!

Entonces usted está en su retiro, ¡y trabaja de día y de tarde! Hermano Luis: —¡Ah, sí, trabajo por la tarde! Al principio, uno de mis hermanos le dijo al Superior que yo salía a menudo por la noche. No sabía lo que hacía. Al día siguiente, el Superior me preguntó qué hacía por la noche cuando salía. Le dije: el lunes por la noche fui a mudar 2 camas y un juego de cocina que son donados para los emigrados. Lo coloqué en las Hermanas de la Providencia, y anoche la H. Claire Dumont me pidió ir a llevar cobijas y un refrigerador a alguien que no lo tenía.

Dije: esta noche estoy aquí, pero mañana por la noche hay un bazar en Saint-Pierre-Apôtre, en la parroquia, y el párroco me pidió ir a buscar ocho cajas a Cartierville para el bazar. Él dice: puede quedarse tranquilo aquí, pero si encuentra que es demasiado exagerado, puedo parar. Me dice: no, no, si es así, continúe.

La oración de sanación

Hermano Luis: —Sí. Diane: —Y usted ha dicho que habita en el Centro Saint-Pierre-Apôtre, vecino del Techo de Belén. ¡Trabaja también en el Techo de Belén! Hermano Luis: —Pues sí, en mis veladas de oración, cuando Émilien estuvo enfermo, estaba en el hospital Laval, en Quebec. Yo, desde hacía algún tiempo, asistía a veladas de oración en la Renovación carismática. Hubo el congreso en el Colegio Loyola. Ese fin de semana, oramos por él.

Cuando fue sanado milagrosamente en el hospital Laval, en Quebec, unas personas fueron a orar sobre él. Y esa sanación milagrosa me ayudó a aumentar mi fe y a intensificar mi oración. Continué asistiendo a las veladas de oración. Me gustaba mucho, porque 25, 30 o 40 personas que oran juntas, es bueno. Ya hace varios años que asisto. En el Techo de Belén, me preguntaron qué era esa casa. Era una pareja de conversos que obtuvo una casa de la ciudad por nada.

Estaba toda destrozada, y las dos familias se juntaron para renovar la casa, la plomería y la electricidad. Ref hicieron el techo. Hay una capilla en la casa y la convirtieron en una casa de oración. Ayudan a la gente. Guardan a personas con problemas. Diane: —¡Los más desposeídos! Hermano Luis: —Sí, los más desposeídos.

Ahora ya no tengo tiempo de quedarme en Saint-Pierre-Apôtre, pero hago mucho de día. Pero en aquel tiempo tenía que quedarme por la tarde; trabajaba en el Centro Saint-Pierre con sueldo. De modo que hoy ya no tengo tiempo. Tengo el mantenimiento del Centro Saint-Pierre; se lo agradezco al Señor, porque usted decía hace un momento que a los 73 años el Señor me da la salud. Soy feliz de estar a su servicio, como Monseñor de Mazenod, nuestro fundador. Fundó una comunidad para evangelizar a los pobres. A mí me da gusto trabajar para ayudar a los pobres. Cuando me decía: trabajas mucho, ¡trabajas por la noche! Sí, lo sé. Fuiste puesto en el mundo para orar, para hablar, para enseñar. Y yo fui puesto en el mundo para orar y para trabajar. Diane: —Cuando usted dijo, su hermano Émilien, se refiere al padre Émilien Tardif...

Samana, R.D. Hermano Luis: —

Diane: —¡Entonces usted salía por la noche, para el trabajo!

El Hno. Luis Tardif

Centro Saint-Pierre

Además, la señora, viendo a unos alumnos que van a la escuela sin tener dinero para el almuerzo, los invitó a comer en su casa. Eran alrededor de quince al final. La comida costaba cara. El señor Larrivée fue a las tiendas a explicar su caso. Le dieron comida. Un grupo de voluntarios hace una recolecta de alimentos y siempre les sobra, así que los dan a los más pobres los miércoles, a unas 75 personas. Como ya no había lugar para esa comida, un carpintero jubilado se ofreció a hacer una cámara fría. No tenía materiales.

El señor Larrivée fue a explicar su caso en las tiendas; consiguió material. El carpintero hizo la cámara fría, pero no tenía compresor para hacer el frío. Fue a ver a una compañía. Recibió el compresor. Cuando es obra del Señor, aunque se haya ridiculizado a la gente del Techo de Belén, esa obra del Señor continúa.

Diane: —Es porque usted es testigo y trabaja allí. ¡Y usted está allí a menudo! Hermano Luis: —Sí, voy a todas las veladas de oración del viernes por la noche. Es una obra del Señor y va a continuar. Cuando se hace el bien, el demonio está allí. Diane: —Es verdad. Pero el Señor es un Dios de la Providencia el que tenemos, que provee a las necesidades, que no abandona a sus hijos. Hermano Luis, ¡usted ha ayudado a los desposeídos durante varios años! Hermano Luis: —Sí, llegué al Centro Saint-Pierre en 1983; hace 17 años que me ocupo de los desposeídos.

Desde que llegué a Saint-Pierre-Apôtre hago más. Eso me hizo pensar en una señora que llegó de Ruanda con 4 hijos. Su marido está en la cárcel porque se oponía al gobierno. Ya por aquí estaba embarazada de gemelas. Ahora son seis hijos. Le dije: ¡eso le da mucho trabajo! Me dice: es una gracia de Dios. Es una gran católica. Hay una compañía que se ofreció para preparar regalos de Navidad para los niños. Di los nombres de familias que yo conocía bien.

Y cuando fui a la familia de las dos gemelas, mientras la madre escribía los nombres en una hoja, las gemelas, arrastrándose en cuatro patas, una vino a rascarme las piernas. La tomé en brazos y se encontraba muy bien. Diane: —Gracias, Hermano Luis, es todo el tiempo que tenemos hoy. El Señor nos dice: «Hay más felicidad en dar que en recibir». Usted está en su retiro, ¡se aburre! Es la receta ideal para estar alegre y mantenerse joven. El Señor dice: «Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados».

El Señor viene a saciarnos cuando nos ocupamos de sus pobres. Gloria a ti, Señor, tú eres un Dios maravilloso.