Su sentido del humor
EL SACERDOTE QUE DORMÍA A SUS PARROQUIANOS
- Y he aquí ahora una nueva pequeña historia que a menudo contaba el padre Emiliano Tardif, un sacerdote canadiense mundialmente conocido por sus carismas de sanación, hoy ya fallecido.
Personalmente, la escuché en una conferencia que pronunció hace algunos años ante la comunidad de las Bienaventuranzas.
He aquí la historia... Un día, un sacerdote diocesano que tenía muy mal oído y una memoria muy mala va a ver a su obispo y le dice:
-«Padre obispo, estoy al límite. Ya no puedo más. Vengo a pedirle autorización para jubilarme anticipadamente».
-«¿Y esto por qué? ¿Qué le ocurre, después de tantos años de buenos y leales servicios? ¿Qué sucede pues?», pregunta el obispo.
-«Pues creo que soy un pésimo pastor. Después de todos estos años de sacerdocio, me doy cuenta de que no consigo interesar a la gente en la fe. Cada domingo, en el momento en que empiezo a predicar, la gente se duerme. ¡Hay incluso algunos a los que oigo roncar! ¡Y esto viene durando años! ¡Es terrible! ¡Ya no puedo más!!». El obispo, un hombre que conoce MUY BIEN a los cristianos, le da un pequeño consejo práctico:
-«Escuche: el próximo domingo, cuando predique, intente decir lo siguiente a sus parroquianos: ,,Hermanos y hermanas, tengo una gran noticia que anunciarles: estoy enamorado,,. Ahí verá, continúa el obispo, que la gente debería normalmente escucharle con mucha atención. Después continúe de la siguiente manera: ,Sí, hermanos y hermanas, estoy enamorado. Y además estoy enamorado de una mujer casada. Verá que, en ese momento, debería reinar un silencio muy muy muy profundo en la iglesia. Después diga a los fieles que la mujer de la que está enamorado es la Virgen María, y termine hablándoles de ella. ¡Verá que sin duda le escucharán!».
El obispo y el sacerdote se despiden; el segundo regresa a la rectoría de su parroquia y, al domingo siguiente, celebra la misa como de costumbre.- En el momento de la homilía, después de la lectura del evangelio, el sacerdote (que, recordémoslo, tenía muy mal oído y una memoria muy mala) comienza a predicar así:
-«Hermanos y hermanas, tengo una gran noticia que anunciarles».
Tal como el obispo había previsto, un silencio total se apodera de la asamblea.
Continúa diciendo:
-«Sí, hermanos y hermanas, tengo una gran noticia. ¡Figúrense que nuestro obispo está enamorado!»
En ese preciso momento se empieza a oír el zumbido de las moscas en la iglesia y los cuellos se estiran para escuchar mejor las palabras del predicador.
-«Sí, nuestro obispo está enamorado, y lo está de una mujer casada. El único pequeño problema... es que... ¡he olvidado por completo el nombre de esa mujer!». -No se sabe exactamente cómo terminó la misa ese día, pero, según el padre Emiliano Tardif, el obispo del lugar habría aceptado finalmente que ese sacerdote se jubilase anticipadamente!-
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