Don de sanación
http://¿Carisma o distracciones?
Oración del padre Émilien Tardif
En el marco del ministerio de sanación que el Señor le había confiado, Émilien había recibido el carisma de conocimiento inmediato, esa percepción inspirada, clara y repentina de lo que el Espíritu está obrando en una o varias personas concretas, las cuales se reconocen y pueden así abrirse a la gracia de Dios. Pues la palabra de conocimiento hace crecer la fe en el sujeto que se beneficia de ella, y en toda asamblea. Todos hemos sido conmovidos por las palabras carismáticas de Émilien Tardif, y sabemos por otra parte cuántas críticas, incomprensiones y escepticismo puede ocasionar este carisma, los cuales encierran el gran peligro de «sofocar la acción del Espíritu Santo» en una asamblea de oración.
Pero el ejercicio de los carismas, a pesar de sus dificultades encontradas con frecuencia, constituía para el padre Tardif como una escuela de sencillez y de docilidad al Espíritu Santo a la que no cesaba de acudir. Con su habitual sentido del humor, me decía que era su manera a él de tener distracciones en la oración…
Extracto de la revista: Feu et lumières, n.º 176, artículo de Phillippe Madre.
Referencias:
1508 El Espíritu Santo da a algunos un carisma especial de sanación para manifestar la fuerza de la gracia del Resucitado. Sin embargo, incluso las oraciones más intensas no obtienen la sanación de todas las enfermedades. Así san Pablo debe aprender del Señor que mi gracia te basta, pues mi poder se despliega en la debilidad «(2 Co 12, 9), y que los sufrimientos por soportar pueden tener como sentido que yo complete en mi carne lo que falta a las pruebas de Cristo por su Cuerpo, que es la Iglesia (Col 1, 24).
2003 La gracia es ante todo y principalmente el don del Espíritu que nos justifica y nos santifica. Pero la gracia comprende también los dones que el Espíritu nos concede para asociarnos a su obra, para hacernos capaces de colaborar en la salvación de los demás y en el crecimiento del Cuerpo de Cristo, la Iglesia. Son las gracias sacramentales, dones propios de los diferentes sacramentos. Son además las gracias especiales llamadas también carismas, según el término griego empleado por san Pablo, y que significa favor, don gratuito, beneficio. Cualquiera que sea su carácter, a veces extraordinario, como el don de los milagros o de las lenguas, los carismas están ordenados a la gracia santificante y tienen por fin el bien común de la Iglesia. Están al servicio de la caridad que edifica la Iglesia.
Catecismo de la Iglesia católica, 1993, Le Service des Éditions.
El don de sanación
El don de sanación nos interpela en el centro mismo de nuestra existencia cristiana, allí donde se articulan juntos la continuidad de nuestra esperanza y la ruptura instauradora de nuestra fe.
https://youtu.be/AHKaC47JxmQ
En el universo cultural y religioso que es el que conocemos, el que vivimos y del que estamos impregnados, resulta mal visto hablar de don de sanación. Nuestra mente racionalista, nuestras reacciones psicológicas, ciertas interpretaciones de la Escritura… todo eso nos lleva a mirar de lejos o a desconfiar de todo lo que el don de sanación puede arrastrar consigo: fideísmo, fundamentalismo, sentimentalismo religioso, atractivo a veces mórbido por lo extraordinario. Este movimiento de retroceso puede ser también para nosotros un reflejo de sentido común ante el pasado de la Iglesia, que no siempre ha favorecido la distinción entre la fe y la credulidad ingenua que puede engendrar muchos desórdenes espirituales y psicológicos. ¡Sin embargo, los hechos están ahí!
No solo se habla de sanación, lo que es un primer hecho no despreciable, sino que además efectivamente hay sanaciones, lo que es un segundo hecho (que no está obligatoriamente ligado al primero). Y, por último, tercer hecho: se encuentra una gran parentesco entre los textos evangélicos que hablan de sanaciones y los testimonios actuales: misma actitud espiritual centrada en el perdón de los pecados y en la fe, importancia del gesto concreto, misma confesión de Jesús salvador, quedando la sanación como signo para quienes creen y signo de contradicción para quienes no creen. Sin querer establecer, como en Lourdes, una oficina de comprobaciones de sanaciones, toda clase de enfermedades psicológicas o físicas han sido detenidas inmediata o progresivamente por el ejercicio de este carisma.
Las sanaciones psicológicas son las más frecuentes; pero hay varios casos de enfermedades físicas llamadas incurables, en los cuales solo podemos constatar que somos incapaces por ahora, dados los progresos de la ciencia, de explicar racionalmente su sanación. El objetivo de este artículo no es reproducir los numerosos testimonios de enfermos y de médicos (leer para ello los dos libros de Kathryn Kuhlman y los testimonios de Agnes Sandford), sino más bien explicar desde dentro el camino que supone el redescubrimiento en la Iglesia de los dones espirituales y del don de sanación en particular. Para acercarse a este don sin demasiados riesgos de interpretaciones deformantes hay que situarlo en la corriente amplia y diversa de la renovación carismática.
Renovación Carismática
Desde hace algunos años, la mayoría de las confesiones cristianas están atravesadas por una corriente espiritual sin precedentes en la historia. Cristianos de todas las Iglesias se reúnen para orar, redescubren juntos los grandes ejes de toda vida cristiana. «Renovación Carismática», «Neo-pentecostalismo», «Renovación en el Espíritu», «Pentecostalismo Católico»… se encuentran allí también los puntos fuertes de toda renovación espiritual verdadera: redescubrimiento de la Palabra, vida de Fe, apertura a los pobres, impulso apostólico, sentido de la oración.
En cambio, otros aspectos son francamente nuevos y hacen pensar que se trata de una etapa importante, definitiva dicen algunos, de la vida de la Iglesia. Entre las cosas antiguas de esta renovación se encuentra el redescubrimiento de los carismas, de los dones espirituales. Hay que releer las epístolas de Pablo y los Hechos de los Apóstoles para comprender lo que sucede hoy: ¡lo que aparece exteriormente como más nuevo en esta renovación es en realidad lo más antiguo! Entre los diferentes dones, san Pablo señala el don de sanación.
Extracto de la revista Concilium
(nov. 1974) p. 125-126. Por Georges
y Laurent Fabre